No
era
ella
quien
pensaba
en magia:
movía sus
alas y pies,
al ritmo del
sonido de las
hojas cayendo
sobre el césped,
mientras el aire
frío de la montaña
las llevaba de un
lado a otro, como
si trataran de
decirle: “solo
déjate caer”,
y cerró sus
ojos, solo
pensó en
su vida:
saltó,
voló,
tras
él.
era
ella
quien
pensaba
en magia:
movía sus
alas y pies,
al ritmo del
sonido de las
hojas cayendo
sobre el césped,
mientras el aire
frío de la montaña
las llevaba de un
lado a otro, como
si trataran de
decirle: “solo
déjate caer”,
y cerró sus
ojos, solo
pensó en
su vida:
saltó,
voló,
tras
él.
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