lunes, 29 de junio de 2015

23:13

Jueves, 11:15 pm
Sentada sobre su cama con las piernas cruzadas y una almohada sobre su regazo, no podía dejar de mirar el desorden en el que se había convertido su vida:
Hojas arrugadas empapelaban la habitación, hojas llenas de garabatos sin sentido que alguna vez significaron algo; una montaña de ropa que usaba para ocultar su inseguridad... pero, a pesar de encontrarse enterrada en el desorden absoluto, se sentía en calma.
Esa mañana decidió despejar su mente, terminar con eso que la estaba envenenando y que no podía sacar de su mente, algo que jamás pudo materializar, y así como eso empezó, ella decidió terminarlo: con palabras, dando las gracias y dejando en el aire un abrazo para aquella persona que la hizo sentir viva por última vez.
Dejó salir todo el aire en un suspiro, que recorrió cada uno de los rincones de esa habitación, que por primera vez en mucho tiempo, se encontraba libre del humo del cigarrillo, de gatos, mariposas, de hojas secas, de corazones acelerados y roces fugaces en la oscuridad.
Intentó hablarle a su reflejo en el espejo, pero la falta de aire no lo permitió, recogió una hoja y con un lápiz empezó a escribir, con cada palabra sentía como su alma se liberaba, sentía el placer de llenar sus pulmones una y otra vez hasta recuperar el aliento, prefirió no decir nada y seguir escribiendo mientras escuchaba la sinfonía compuesta por el ruido de las gotas de lluvia en el tejado de su casa y el sonido desesperante del reloj que tenía en su mesita de noche...
Empezó a recordar y a organizar en su cabeza un sinnúmero  de historias inconclusas, dolorosas y fugaces; recordó rostros, olores, besos, ojos, cabellos, caricias y palabras vacías que le habían hecho sentir algo alguna vez, recordó el rechazo y el dolor. Su boca se llenó del sabor salado de las lágrimas que recorrieron su rostro hasta terminar en sus labios resecos y  a medio pintar.
Allí sentada sobre su cama, con las piernas cruzadas y la hoja sobre su pierna, escribió sobre su vida, sobre las veces que pensó en terminarla, sobre sus desamores de una vida sin amor, escribió sobre ojos azules, barbas y cabellos de colores, recordó las manos grandes  que alguna vez acariciaron su rostro, pasó la lengua sobre esos labios rotos tratando de saborear algún rastro de un beso dado torpemente, pero no pudo...

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